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La Huella del Diablo

Muy cerca, al píe de San Simón, esta una piedra grisácea de gran tamaño. En la parte superior es plana como una mesa, al verla nos imaginamos una piedra de sacrificios, quizás utilizada en épocas remotas por nuestros Aborígenes. Muchas leyendas se han tejido a su alrededor.

Cuentan los vecinos más ancianos que hace mucho tiempo espantaban allí y que nadie quería salir o entrar al pueblo luego de que se ocultara el sol. A su alrededor se escuchaban llantos y lamentos y se sentía que alguien estaba junto a la piedra, algunos decían que habían visto un hombre a caballo que se perdía por esos lados. Un día los pobladores lo persiguieron y como siempre se esfumo al llegar a la piedra.

Los vecinos decidieron estar al asecho y cuando saliera el caballo con su jinete y perseguirlo con agua bendita y cruces porque suponían que se trataba del diablo. En efecto, vigilaron escondidos desde un árbol cercano a la piedra, y al vislumbra la sombra y escuchar los cascos del caballo salieron en persecución echando agua bendita en cruz y rezando oraciones. La sombra salió de golpe y fue tanto lo que corrió al sentirse perseguida que los cascos del caballo echaban chispas y al tropezar con la piedra salto una llamarada con antorchas encendida, llegaron hasta la piedra y la rociaron con agua bendita. Asombrados los pobladores vieron que en la piedra había quedado marcada la huella de  la pata del caballo.

Oraron y pasado un tiempo llevaron en una solemne procesión la imagen de Ntra. Sra. De Lourdes, que colocaron sobre la piedra del diablo, el lugar en donde estaba marcada la huella del caballo.

No volvieron a espantar por aquellos lugares ni volvió a verse en las noches la sombra del jinete.